HORACIO.- Sí, hiérele, si no quiere detenerse.

BERNARDO.- Aquí está.
HORACIO.- Aquí.

MARCELO.- Se ha ido. Nosotros le ofendemos, siendo él un
Soberano, en hacer demostraciones de violencia. Bien que, según
parece, es invulnerable como el aire, y nuestros esfuerzos vanos y cosa
de burla.
(16)
BERNARDO.- Él iba ya a hablar cuando el gallo cantó .
HORACIO.- Es verdad, y al punto se estremeció como el
delincuente apremiado con terrible precepto. Yo he oído decir que el
gallo, trompeta de la mañana, hace despertar al Dios del día con la alta
y aguda voz de su garganta sonora, y que a este anuncio, todo extraño
espíritu errante por la tierra o el mar, el fuego o el aire, huye a su
centro; y la fantasma que hemos visto acaba de confirmar la certeza de
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esta opinión .

MARCELO.- En efecto desapareció al cantar el gallo. Algunos dicen
que cuando se acerca el tiempo en que se celebra el nacimiento de
nuestro Redentor, este pájaro matutino canta toda la noche y que
entonces ningún espíritu se atreve a salir de su morada, las noches son
saludables, ningún planeta influye siniestramente, ningún maleficio
produce efecto, ni las hechiceras tienen poder para sus encantos. ¡Tan
sagrados son y tan felices aquellos días!

HORACIO.- Yo también lo tengo entendido así y en parte lo creo.
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Pero ved como ya la mañana , cubierta con la rosada túnica, viene
pisando el rocío de aquel alto monte oriental. Demos fin a la guardia, y
soy de opinión que digamos al joven Hamlet lo que hemos visto esta
noche, porque yo os prometo que este espíritu hablará con él, aunque ha
sido para nosotros mudo. ¿No os parece que dé esta noticia,
indispensable en nuestro celo y tan propia de nuestra obligación?

MARCELO.- Sí, sí, hagámoslo. Yo sé en donde le hallaremos esta
mañana, con más seguridad.

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