porción equivalente, que hubiera pasado a manos de Fortimbrás, como
herencia suya, si hubiese vencido; así como, en virtud de aquel
convenio y de los artículos estipulados, recayó todo en Hamlet. Ahora
el joven Fortimbrás, de un carácter fogoso, falto de experiencia y lleno
de presunción, ha ido recogiendo de aquí y de allí por las fronteras de
Noruega, una turba de gente resuelta y perdida, a quien la necesidad de
comer determina a intentar empresas que piden valor; y según
claramente vemos, su fin no es otro que el de recobrar con violencia y a
fuerza de armas los mencionados países que perdió su padre. Este es, en
mi dictamen, el motivo principal de nuestras prevenciones, el de esta
guardia que hacemos, y la verdadera causa de la agitación y
movimiento en que toda la nación está.

BERNARDO.- Si no es esa, yo no alcanzo cuál puede ser..., y en
parte lo confirma la visión espantosa que se ha presentado armada en
nuestro puesto, con la figura misma del Rey, que fue y es todavía el
autor de estas guerras.

HORACIO.- Es por cierto una mota que turba los ojos del
(13)
entendimiento. En la época más gloriosa y feliz de Roma, poco
antes que el poderoso César cayese quedaron vacíos los sepulcros y los
amortajados cadáveres vagaron por las calles de la ciudad, gimiendo en
voz confusa; las estrellas resplandecieron con encendidas colas, cayó
lluvia de sangre, se ocultó el sol entre celajes funestos y el húmedo
planeta, cuya influencia gobierna el imperio de Neptuno, padeció
eclipse como si el fin del mundo hubiese llegado. Hemos visto ya
iguales anuncios de sucesos terribles, precursores que avisan los futuros
destinos, el cielo y la tierra juntos los han manifestado a nuestro país y a
(14)
nuestra gente... Pero. Silencio... ¿Veis?..., allí... Otra vez vuelve ...
Aunque el terror me hiela, yo le quiero salir al encuentro. Detente,
fantasma. Si puedes articular sonidos, si tienes voz háblame. Si allá
donde estás puedes recibir algún beneficio para tu descanso y mi
perdón, háblame. Si sabes los hados que amenazan a tu país, los cuales
felizmente previstos puedan evitarse, ¡ay!, habla... O si acaso, durante
tu vida, acumulaste en las entrañas de la tierra mal habidos tesoros, por
lo que se dice que vosotros, infelices espíritus, después de la muerte
(15)
vagáis inquietos; decláralo ... Detente y habla... Marcelo, detenle.
MARCELO.- ¿Le daré con mi lanza?

21