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Traición... Buscad por todas partes ...
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LAERTES.- No, el traidor está aquí. Hamlet, tú eres muerto...
no hay medicina que pueda salvarte, vivirás media hora, apenas... En tu
mano está el instrumento aleve, bañada con ponzoña su aguda punta.
¡Volviose en mi daño, la trama indigna! Vesme aquí postrado para no
levantarme jamás. Tu madre ha bebido un tosigo... No puedo
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proseguir... El Rey, el Rey es el delincuente.

HAMLET.- ¡Esta envenenada esta punta! Pues, veneno, produce tus
efectos.

TODOS.- Traición, traición.

CLAUDIO.- Amigos, estoy herido... Defendedme.

HAMLET.- ¡Malvado incestuoso, asesino! Bebe esta ponzoña ¿Está
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la perla aquí? Sí, toma , acompaña a mi madre.

LAERTES.- ¡Justo castigo!... Él mismo preparó la poción mortal...
Olvidémonos de todo, generoso Hamlet y... ¡Oh! ¡No caiga sobre ti, la
muerte de mi padre y la mía, ni sobre mí la tuya!

HAMLET.- El Cielo te perdone... Ya voy a seguirte. Yo muero,
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Horacio... Adiós, Reina infeliz... Vosotros que asistís pálidos y
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mudos con el temor a este suceso terrible... Si yo tuviera tiempo.
La muerte es un ministro inexorable que no dilata la ejecución... Yo
pudiera deciros... pero, no es posible. Horacio, yo muero. Tú, que
vivirás, refiere la verdad y los motivos de mi conducta, a quien los
ignora.

HORACIO.- ¿Vivir? No lo creáis. Yo tengo alma Romana, y aún ha
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quedado aquí parte del tósigo.

HAMLET.- Dame esa copa... presto... por Dios te lo pido. ¡Oh!
¡Querido Horacio! Si esto permanece oculto, ¡qué manchada reputación
dejaré después de mi muerte! Si alguna vez me diste lugar en tu
corazón, retarda un poco esa felicidad que apeteces; alarga por algún
tiempo la fatigosa vida en este mundo llena de miserias, y divulga por él

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