la primera o segunda estocada, o en la tercera suerte da un quite al
contrario, disparen toda la artillería de las almenas. El Rey beberá a la
salud de Hamlet echando en la copa una perla más preciosa que la que
han usado en su corona los cuatro últimos soberanos daneses. Traed las
copas, y el timbal diga a las trompetas, las trompetas al artillero
distante, los cañones al cielo, y el cielo a la tierra; ahora brinda el Rey
de Dinamarca a la salud de Hamlet... Comenzad, y vosotros que habéis
de juzgarlos, observad atentos.
(226)
HAMLET.- Vamos .
(227)
LAERTES.- Vamos señor.

HAMLET.- Una.

LAERTES.- No.

HAMLET.- Que juzguen.

ENRIQUE.- Una estocada, no hay duda.

LAERTES.- Bien: a otra.
(228)
CLAUDIO.- Esperad... Dadme de beber. Hamlet, esta perla es
para ti, y brindo con ella a tu salud. Dadle la copa.
(229)
HAMLET.- Esperad un poco. Quiero dar este bote primero.
Vamos. Otra estocada. ¿Qué decís?
LAERTES.- Sí, me ha tocado, lo confieso.

CLAUDIO.- ¡Oh! Nuestro hijo vencerá.

GERTRUDIS.- Está grueso, y se fatiga demasiado. Ven aquí,
Hamlet, toma este lienzo, y límpiate el rostro. La Reina brinda a tu
(230)
buena fortuna querido Hamlet.

HAMLET.- Muchas gracias, señora.
CLAUDIO.- No, no bebáis.

GERTRUDIS.- ¡Oh! Señor, perdonadme. Yo he de beber.

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