Escena XX



HORACIO, DOS MARINEROS



MARINERO 1.º.- Dios os guarde.

HORACIO.- Y a vosotros también.

MARINERO 1.º.- Así lo hará si es su voluntad. Estas cartas del
Embajador que se embarcó para Inglaterra vienen dirigidas a vos, si os
llamáis Horacio, como nos han dicho.
(183)
HORACIO.- Horacio : luego que hayas leído ésta, dirigirás esos
hombres al Rey para el cual les he dado una carta. Apenas llevábamos
dos días de navegación, cuando empezó a darnos caza un pirata muy
bien armado. Viendo que nuestro navío era poco velero, nos vimos
precisados a apelar al valor. Llegamos al abordaje: yo salté el primero
en la embarcación enemiga, que al mismo tiempo logró desaferrarse de
la nuestra, y por consiguiente me hallé solo y prisionero. Ellos se han
portado conmigo como ladrones compasivos; pero ya sabían lo que se
hacían, y se lo he pagado muy bien. Haz que el Rey reciba las cartas
que le envío, y tú ven a verme con tanta diligencia, como si huyeras de
la muerte. Tengo unas cuantas palabras que decirte al oído que te
dejarán atónito; bien que todas ellas no serán suficientes a expresar la
importancia del caso. Esos buenos hombres te conducirán hasta aquí.
Guillermo y Ricardo siguieron su camino a Inglaterra. Mucho tengo
que decirte de ellos. Adiós. Tuyo siempre, Hamlet. Vamos. Yo os
introduciré para que presentéis esas cartas. Conviene hacerlo pronto, a
fin de que me llevéis después a donde queda el que os las entregó.

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