tierna joven sea tan frágil como la vida del hombre decrépito?... Pero la
(175)
naturaleza es muy fina en amor, y cuando éste llega al exceso, el
alma se desprende tal vez de alguna preciosa parte de sí misma, para
ofrecérsela en don al objeto amado.

OFELIA.- Lleváronle en su ataúd

con el rostro
descubierto
Ay no ni, ay ay ay no ni.
Y sobre su sepultura
muchas lágrimas
llovieron.
Ay no ni, ay ay ay no ni.

Adiós, querido mío. Adiós.

LAERTES.- Si gozando de tu razón me incitaras a la venganza, no
pudieras conmoverme tanto.

OFELIA.- Debéis cantar aquello de:

(176)
Abajito está
llámele, señor, que abajito
está.

¡Ay! Que a propósito viene el estribillo... El pícaro del Mayordomo fue
el que robó a la señorita.
LAERTES.- Esas palabras vanas producen mayor efecto en mí que
el más concertado discurso.

OFELIA.- Aquí traigo romero, que es bueno para la memoria.
(177)
Tornad, amigo , para que os acordéis... Y aquí hay trinitarias, que
son para los pensamientos.

LAERTES.- Aun en medio de su delirio quiere aludir a los
pensamientos que la agitan, y a sus memorias tristes.
(178) (179)
OFELIA.- Aquí hay hinojo para vos , y palomillas y ruda ...

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