Galería de Palacio.



GERTRUDIS.- No, no quiero hablarla.

HORACIO.- Ella insta por veros. Está loca, es verdad; pero eso
mismo debe excitar vuestra compasión.

GERTRUDIS.- ¿Y qué pretende? ¿Qué dice?
HORACIO.- Habla mucho de su padre; dice que continuamente oye
que el mundo está lleno de maldad; solloza, se lastima el pecho, y
airada trastorna con el pie cuanto al pasar encuentra. Profiere razones
equívocas en que apenas se halla sentido; pero la misma extravagancia
de ellas mueve a los que las oyen a retenerlas, examinando el fin
conque las dice, y dando a sus palabras una combinación arbitraria,
según la idea de cada uno. Al observar sus miradas, sus movimientos de
cabeza, su gesticulación expresiva, llegan a creer que puede haber en
ella algún asomo de razón; pero nada hay de cierto, sino que se halla en
el estado más infeliz.

GERTRUDIS.- Será bien hablarla: antes que mi repulsa, esparza
conjeturas fatales, en aquellos ánimos que todo lo interpretan
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siniestramente. Hazla venir . El más frívolo acaso parece a mi
dañada conciencia presagio de algún grave desastre. Propia es de la
culpa esta desconfianza. Tan lleno está siempre de recelos el
delincuente, que el temor de ser descubierto, hace tal vez que él mismo
se descubra.




Escena XII



GERTRUDIS, OFELIA, HORACIO

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