semejante al mono, se los mete en un rincón de la boca; allí los
conserva, y el primero que entró, es el último que se traga. Cuando el
Rey necesite lo que tú (que eres su esponja) le hayas chupado, te coge,
te exprime, y quedas enjuto otra vez.

RICARDO.- No comprendo lo que decís.
HAMLET.- Me place en extremo. Las razones agudas son ronquidos
para los oídos tontos.
RICARDO.- Señor, lo que importa es que nos digáis en donde está el
cuerpo, y os vengáis con nosotros a ver al Rey.
(153)
HAMLET.- El cuerpo está con el Rey; pero el Rey no está con
el cuerpo. El Rey viene a ser una cosa como...

GUILLERMO.- ¿Qué cosa señor?

HAMLET.- Una cosa, que no vale nada... pero; guarda Pablo...
Vamos a verle.




Escena IV



CLAUDIO solo



Salón de Palacio.



CLAUDIO.- Le he enviado a llamar, y he mandado buscar el
cadáver. ¡Qué peligroso es dejar en libertad a este mancebo! Pero no es
posible tampoco ejercer sobre él la severidad de las leyes. Está muy
querido de la fanática multitud, cuyos afectos se determinan por los
ojos, no por la razón, y que en tales casos considera el castigo del

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