POLONIO.- Socorro pide... ¡Oh!..
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HAMLET.- ¿Qué es esto?... ¿Un ratón? Murió... Un ducado a
que ya está muerto.

POLONIO.- ¡Ay de mí!

GERTRUDIS.- ¿Qué has hecho?
HAMLET.- Nada... ¿Qué sé yo?.. ¿Si sería el Rey?

GERTRUDIS.- ¡Qué acción tan precipitada y sangrienta!
HAMLET.- Es verdad, madre mía, acción sangrienta y casi tan
horrible como la de matar a un Rey y casarse después con su hermano.

GERTRUDIS.- ¿Matar a un Rey?
(138)
HAMLET.- Sí, señora, eso he dicho . Y tú, miserable,
temerario, entremetido, loco, adiós. Yo te tomé por otra persona de más
consideración. Mira el premio que has adquirido; ve ahí el riesgo que
(139)
tiene la demasiada curiosidad. No , no os torzáis las manos...
sentaos aquí, y dejad que yo os tuerza el corazón. Así he de hacerlo, si
no le tenéis formado de impenetrable pasta, si las costumbres malditas
no le han convertido en un muro de bronce, opuesto a toda sensibilidad.

GERTRUDIS.- ¿Qué hice yo, Hamlet, para que con tal aspereza me
insultes?

HAMLET.- Una acción que mancha la tez purpúrea de la modestia,
y da nombre de hipocresía a la virtud, arrebata las flores de la frente
hermosa de un inocente amor, colocando un vejigatorio en ella, que
hace más pérfidos los votos conyugales que las promesas del tahúr. Una
acción que destruye la buena fe, alma de los contratos, y convierte la
inefable religión en una compilación frívola de palabras. Una acción, en
fin, capaz de inflamar en ira la faz del cielo y trastornar con desorden
horrible esta sólida y artificial máquina del mundo, como si se
aproximara su fin temido.
GERTRUDIS.- ¡Ay de mi! ¿Y qué acción es esa que así exclamas al
anunciarla, con espantosa voz de trueno?

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