violencia ni confusión, caracteres imitados con maestría de la
naturaleza, costumbres nacionales, sentencia, pureza, elegancia y
facilidad en el lenguaje y en el estilo, agitación de afectos, accidentes
imprevistos, éxito dudoso, progreso rápido, desenlace pronto y
verosímil, un fin moral desempeñado por estos medios, en suma y
donde todo aparezca natural, conveniente y fácil; y el arte, que todo lo
dirige, no se descubra.

Léanse sus obras, y en ellas se verán personajes, situaciones,
episodios inoportunos e inconexos; el objeto principal confundido entre
los accesorios, el progreso de la acción unas veces perezoso y otras
atropellado y confuso, incierto el fin de instrucción que se propone,
incierto el carácter que quiere exponer a los ojos del espectador, para la
imitación o el escarmiento. Errores clásicos de Geografía, Cronología,
Historia y costumbres. El lugar de la escena alterado continuamente, sin
verosimilitud, ni utilidad, y la unidad de tiempo, ninguna, o pocas veces
observada. Desorden confuso en los afectos y estilo de sus personajes,
que unas veces abundan en expresiones sublimes, máximas de
sabiduría, sostenidas con elegante y robusta dicción, otras hablan un
lenguaje hinchado y gongorino, lleno de alusiones violentas, metáforas
obscuras, ideas extravagantes, conceptos falsos y pueriles; otras, en
medio de las pasiones trágicas, mezclan chocarrerías vulgares y
bambochadas ridículas de entremés, excitando así, de un momento en
otro, la admiración, el deleite, la risa, el terror, el fastidio y el llanto.

Esta oposición mal combinada de luces y sombras, no podía menos
de destruir el efecto general de sus cuadros, y tal vez conociendo el
error, pensó corregirle con otro, no menos culpable. Lo cierto, lo
posible, lo ideal, como fuese maravilloso y nuevo, todo era materia
digna de su pluma, satisfecho de sorprender los sentidos, ya que no de
ilustrar y convencer la razón. A este fin su feroz Melpómene inundó el
teatro con sangre, y le llenó de cadáveres en batallas reñidas a este fin
multiplicó los espectáculos horribles de entierros, sepulturas y
calaveras; a este fin, adulando la estúpida ignorancia del vulgo, hizo
salir a la escena Magos y Hechiceras, pintó sus conciliábulos y sus
conjuros, dio cuerpo y voz a los genios malos y buenos, haciéndolos
girar por los aires, habitar los troncos, o mezclarse invisibles entre los
hombres, rompió las puertas del Purgatorio y del Infierno, puso en el
teatro las almas indignadas de los difuntos, y resonaron en él sus
gemidos tristes.

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