JOHAN WOLFGANG GOETHE


Anda a buscarte otro criado. ¡No faltaba más que, por
compla-certe a ti, el poeta olvidara ampliamente el más
sublime derecho, el derecho humano que le concedió la
Naturaleza! ¿Cómo mueve todos los corazones? ¿Por qué
medios domina todos los elementos? ¿No es por la armonía
que brota de su pecho y reconstruye el universo en su
corazón? Cuando la Naturaleza, retorciéndolo con
indiferencia, sujeta al huso el hilo sin fin; cuando la
inarmónica multitud de seres deja oír una ingrata mescolanza
de sonidos, ¿quién divide el curso de esta siempre uniforme
sucesión, vivificándola para que se mueva de un modo
ritmico? ¿Quien llama lo particular a la consagración
universal, donde vibra en magníficos acordes? ¿Quién hace
desatarse furiosa la tormenta de las pasiones? ¿Quién hace
brillar los arreboles vespertinos en el alma austera? ¿Quién
esparce todas las bellas flores primaverales por las sendas de
la mujer amada? ¿Quién teje con insignificantes hojas verdes
las honoríficas coronas para todo linaje de méritos? ¿Quién
sostiene el Olimpo y reúne los dioses? El poder del hombre
revelado en el Poeta.

EL GRACIOSO
Utilizadlos, pues, esos bellos poderes, y llevad adelante
los asuntos poéticos como se lleva una intriga amorosa.
Acércase uno por casualidad, siente algún interés, se detiene,
y poco a poco queda cogido en el lazo. Aumenta el placer,
luego vienen las contrariedades; está uno embelesado; en
esto, aparece el dolor, y antes que uno se dé cuenta de ello,

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