JOHAN WOLFGANG GOETHE




SIEBEL
A la querida, nada de saludos. De eso no quiero oír ni
una palabra.

FROSCH
A la querida, saludo y beso. No serás tú quien me lo
estorbe. (Canta). ¡Cerrojo descorrido! en la noche silenciosa.
¡Cerrojo desco-rrido! el amado vela. ¡Cerrojo echado! al
despuntar el día.

SIEBEL
Sí, canta, canta y ensálzala y celébrala. Ya reiré yo a mi vez.
Me engañó a mí, y lo mismo hará contigo. ¡Que le den por
amante un diablillo que pueda refocilarse con ella en una
encrucijada! ¡Qué un viejo cabrón, al regresar del Blochsberg
con su voz temblona le dé aún las buenas noches al galopel
Un bravo mozo de carne y hueso es demasiado bueno para
esa perdida. Que no me hablen de otro saludo que romperle
a pedrada limpia los vidrios de su ventana.

BRANDER
(Golpeando la mesa). ¡Atención! ¡Atención!
¡Obedecedme! Confesad, señores, que yo sé vivir: hay aquí
presentes algunos enamo-rados, a quienes yo he de
obsequiar, como se debe a su condición, con alguna cosa
para pasar bien la noche. Estadme atentos. Ahí va una
canción de novísimo cuño. A grito pelado cantad conmigo el

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