FAUSTO


vuestro espíritu, aprisio-nado en borceguíes españoles, a fin
de que así, más reflexivo, en ade-lante recorra con paso
mesurado la vía del pensamiento y no divague tal vez como
un fuego fatuo de aquí para allí, a diestro y siniestro. Luego
se os enseñará durante muchos días que aquello que antes
solíais ejecutar de un solo golpe con toda libertad, como el
comer y el beber, es necesario hacerlo en uno, dos, tres
tiempos. No hay duda que con la elaboración de las ideas
pasa lo mismo que con una obra maestra de tejedor, en la
cual una simple presión del pie pone en movimiento un
millar de hilos, las lanzaderas se disparan hacia aquí y hacia
allí, los hilos corren invisibles, y un golpe único forma de
repente mil trabazones. Viene el filósofo, y os demuestra que
ello debe ser de este modo: lo primero era así y lo segundo
así, luego lo tercero y lo cuarto son así; y si lo primero y lo
segundo no existiesen, lo tercero y lo cuarto jamás podrían
existir. Los estudiantes de todas partes ponen esto sobre las
nubes, mas no han llegado a ser tejedores. El que quiere co-
nocer y describir alguna cosa viviente, procura ante todo
sacar de ella el espíritu; entonces tiene en su mano las partes,
lo único que falta ¡ay! es el lazo espiritual que las une.
Enqueiresin naturoe llama a eso la química, que, sin saberlo, se
burla de sí misma.

ESTUDIANTE
No puedo acabar de comprenderos.

MEFISTÓFELES

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