FAUSTO




MEFISTÓFELES
Mi buen señor, vos veis las cosas exactamente como se
ven de ordinario. Es preciso obrar con más tino, antes que
huya de nosotros el placer de la vida. ¡Qué diantre! Tuyos
son, sin duda, manos y pies, cabeza y c...; pero todo aquello
de que yo disfruto buenamente ¿es menos mío por eso? Si
puedo pagar seis caballos, ¿no son mías las fuerzas de ellos?
Corro así velozmente y soy un hombre verdadero y cabal,
como si tuviera veinticuatro piernas. ¡Ánimo, pues! Déjate de
cavilaciones, y lancémonos de rondón en el mundo. Yo te lo
digo: el hombre que se devana los sesos, es como una bestia
a quien un mal espíritu hace dar vueltas por un seco erial, por
todas partes rodeado de lozanos y verdes pastos.

FAUSTO
¿Cuándo empezamos eso?

MEFISTÓFELES
Partimos al instante. ¿Qué lugar de tortura es ese? ¿Puede
llamarse vivir el aburrirse uno mismo y aburrir a los
muchachos? Deja eso para el vecino maese Barrigón. ¿Por
qué te afanas trillando la paja? Lo mejor que puedes saber no
te atreves a enseñarlo a tus discípulos... Precisamente ahora
oigo uno en el corredor.

FAUSTO
No me es posible recibirle.

75

74