FAUSTO


Si unos dulces acentos que me eran conocidos me
arrancaron a la horrible confusión burlando el último resto
de mis sentimientos infan-tiles con el recuerdo de un tiempo
feliz, maldigo todo cuanto cerca el alma con el señuelo de
seducciones y prestigios, y en este antro de dolor la retiene
fascinada mediante fuerzas que deslumbran y halagan.
¡Maldito sea por adelantado el alto concepto de que se rodea
a sí mis-mo el espíritu! ¡Maldito el engaño de la apariencia
que acosa a nuestros sentidos! ¡Maldito lo que en sueños se
insinúa hipócritamente en nosotros con ilusiones de gloria y
fama imperecedera! ¡Maldito lo que nos lisonjea como
posesión en forma de esposa e hijo, de sirviente y arado!
¡Maldito sea Mammón, cuando con tesoros nos incita a
arrojadas empresas, cuando para el placer ocioso nos apareja
mullidos almohadones! ¡Maldito sea el balsámico zumo de la
uva! ¡Malditos sean los favores supremos del amor! ¡Maldita
sea la esperanza! ¡Maldita sea la fe, y maldita, sobre todo, la
paciencia!

CORO DE ESPÍRITUS
(Invisibles). ¡Ay! ¡ay! Con diestra potente has destruido el
mundo seductor; se derrumba, cae en ruina. Un semidiós lo
ha hecho trizas. Nosotros llevamos más allá los escombros a
la Nada, y lloramos la belleza perdida. Tú, poderoso entre los
hijos de la tierra, reconstrúyelo más espléndido, créalo de
nuevo en tu pecho! Emprende una nueva carrera de vida con
espíritu sereno, y resuenen acto seguido nuevos cantos.



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