FAUSTO


MEFISTÓFELES
¡Así me gustas! Confío que acabaremos por entendernos.
Pues sí; para ahuyentar tus quimeras, héteme aquí como un
noble hidalgo, con vestido rojo ribeteado de oro, ferreruelo
de seda recia, la pluma de gallo en el sombrero, y una larga
espada de aguda punta. Y ahora te aconsejo, en breves
palabras, que te vistas también de un modo pare-cido, a fin
de que, desembarazado y libre, sepas lo que es la vida.

FAUSTO
Cualquiera que sea mi vestido, sentiré sin duda el
tormento de la estrecha existencia terrena. Harto viejo soy
para andar en holgorios, y sobrado joven para estar sin
deseos. ¿Qué puede ofrecerme el mundo? "Es menester que
te abstengas". "Has de abstenerte": He aquí la sempiterna
canción que resuena en los oídos de todos y que, Nerón-
quecida, nos canta cada hora durante nuestra existencia
entera. Con espanto me despierto por la mañana. Quisiera
llorar lágrimas amargas al ver el día, que en su curso no
saciará uno solo de mis anhelos, ni uno tan siquiera; que con
porfiada crítica quisquillosa amengua hasta el gusto
anticipado de todo placer; que contraría las creaciones de mi
agitado pecho con las mil bagatelas de la vida. Y luego,
cuando desciende la noche, debo tenderme intranquilo en el
lecho, y ni aun allí encuentro reposo alguno, pues fieros
ensueños vendrán a llenarme de sobresalto. El dios que
reside en mi pecho puede agitar profun-damente lo más
íntimo de mi ser, pero él, que impera sobre todas mis facul-

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