FAUSTO


vida; todos se lanzan a la lejanía de las amorosas estrellas,
cuyo favor aporta felicidad.

MEFISTÓFELES
¡Duerme! ¡Bravo, aéreos y sutiles rapazuelos! Habéisle
concienzu-damente adormecido con nuestros cantos.
Obligado os quedo por tal concierto. No eres hombre aún
para tener sujeto al diablo. Rodeadle de placenteros
ensueños; sumidle en un mar de ilusiones... Mas, para
deshacer el encanto de este umbral, necesito un diente de
ratón. No he menester conjurar largo tiempo; ya oigo el ruido
que hace uno al correr por aquí, y al punto me escuchará. El
señor de ratas y ratones, moscas, ranas, chinches y piojos te
ordena que te aventures a salir para roer este umbral
conforme él lo va punteando con aceite... ¡Hete ya aquí que
vienes dando, saltitos! Sobre todo anda listo en tu obra. La
punta que con mágico poder me cerraba el paso, se halla más
hacia delante en la arista. Una dentellada más, y asunto
concluido. Ahora, Fausto, continúa soñando hasta que nos
veamos de nuevo. (Vase.)

FAUSTO
(Despertando). ¿Véome, pues, burlado una vez más? ¿Así
se desvanece el tropel de visiones, de suerte que un sueño
falaz me hacía ver al diablo y se me escapaba un perro de
aguas?




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