JOHAN WOLFGANG GOETHE


un gran tesoro, un tesoro único. El alma sublime se había
obligado a mí, y ellos con maña me la han birlado. ¿A quién
voy a quejarme ahora? ¿Quién me restituirá lo que de
derecho me pertenece? Engañado te ves en tus viejos días;
bien merecido te lo tienes. Eso va atrozmente mal para ti. He
faltado de una manera indigna. Un gran dispendio ¡qué
vergüenza! se ha malogrado. Un deseo vulgar, una pasión
absurda acomete al embreado diablo. Y si el viejo ladino
cargado de experiencia se ha entretenido con esa cosa pueril,
extravagante, no es pequeña por cierto la locura que al fin se
apodera de él.




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