JOHAN WOLFGANG GOETHE


un modo tan íntimo, tan gatuno...! Cada vez que os miro, os
encuentro más y más bellos. ¡Oh! ¡Acercaos, concededme
una mirada tan sólo!

LOS ÁNGELES
Hénos aquí ya. ¿Por qué retrocedes? Pues nos acercamos,
perma-nece, si puedes, en tu sitio.
(Los Ángeles, diseminándose en derredor, ocupan todo el espacio.)

MEFISTÓFELES
(Repelido hasta el proscenio). Nos calificáis de espíritus
réprobos, Y sois vosotros por cierto los hechiceros, porque
seducís a hombres y mujeres. ¡Qué maldita aventura! ¿Será
eso el elemento del amor? Todo mi cuerpo está de tal manera
enardecido que apenas siento eso que me abrasa la nuca.
Estáis oscilando de acá para acullá; bajad, pues, menead los
graciosos miembros de un modo algo más mundano. No hay
duda que la seriedad os sienta a maravilla, pero me gustaría
veros sonreír una vez tan siquiera: esto sería para mí un
eterno encanto. Quiero decir como cuando miran sonriendo
los enamorados, con un ligero pliegue en la boca y nada más.
Tú, mozalbete más crecido, tú me gustas en extremo. Esa
facha sacristanesca no te cae nada bien, mírame, pues, de una
manera un poco lasciva. También podrías ir un poquito más
desnudos sin faltar al decoro. Ese largo camisón de arrugas
es sobremanera honesto... Ahora se vuelven del otro lado... A
ver por detrás ... Esos picaronazos son de veras sobrado
apetitosos...

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