JOHAN WOLFGANG GOETHE


libertad, lo mismo que la vida, quien se ve obligado a
ganarlas todos los días. Y de esta suerte, rodeados de
peligros, el niño, el adulto y el viejo pasan bien aquí sus años.
Quisiera ver una muchedumbre así en continua actividad,
hallarme en un suelo libre. Entonces podría decir al fugaz
momento: "Detente, pues; ¡eres tan bello!". La huella de mis
días terrenos no puede borrarse en el transcurso de las
edades. En el presentimiento de tan alta felicidad, gozo ahora
del momento supremo.

(FAUSTO cae de espaldas. Los LÉMURES le cogen y le tienden
en el suelo.)

MEFISTÓFELES
Ningún deleite le satisface, ninguna dicha le llena, y así va
sin cesar en pos de formas cambiantes. El último, el mísero,
el vano momento ansía retenerlo ese infeliz. Aquel que tan
tenaz resistencia me opuso, queda dominado por el tiempo:
el viejo yace ahí en la arena. Párase el reloj ...

EL CORO
¡Se para! Callado está cual la medianoche. Cae la
manecilla.

MEFISTÓFELES
Cae; todo está consumado.

EL CORO

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