JOHAN WOLFGANG GOETHE


terrestre me es bastante conocido. Hacia el más allá la vista
nos está cerrada. Insensato es quien dirige allí los ojos
pestañeando, quien imagina encontrar su igual más arriba de
las nubes. Manténgase firme y mire aquí en torno suyo. Este
mundo, para el hombre inteligente, no es mudo. ¿Para qué
necesita un hombre tal andar errante en la eternidad? Lo que
él conoce se deja aprehender. Siga así su vía todo lo largo de
la jornada terrena, si se presentan fantasmas, vaya él su
camino; en su avance progresivo encuentre tormentos y
dichas, él que ni un solo instante está satisfecho.

LA INQUIETUD
A aquel que está una vez en mi poder, de nada le sirve el
mundo entero; para él desciende una eterna lobreguez; para
él no sale ni se pone el sol; teniendo sentidos exteriores
perfectos, anidan las tinieblas en su interior. De ningún
tesoro sabe ponerse en posesión. Felicidad y desdicha
resultan quimeras; se muere de hambre en el seno de la
abundancia; sean delicias, sean pesares, todo lo remite al día
de maña-na; sólo está atento a lo porvenir, y así no acaba
nunca.

FAUSTO
¡Basta ya! De esta manera no puedes cogerme. No quiero
escuchar tales desatinos. ¡Vete! Esa fastidiosa letanía podría
engañar aún al hombre más avisado.

LA INQUIETUD

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