FAUSTO


Que se abrase la Salamandra,
retuérzase la Ondina,
desvanézcase el Silfo,
afánese el Gnomo.
Quien no conozca estos elementos, su poder y
propiedad, nunca será dueño de los espíritus.
Desaparece en llamas; Salamandra;
derrítete murmurante, Ondina,
luce con belleza de meteoro, Silfo,
aporta ayuda doméstica, Incubo, Incubo
aparece y haz el remate.
Ninguno de los cuatro se halla metido en el animal. Está
echado con el mayor sosiego y me mira riendo con sorna.
Ningún daño le he causado todavía. Has de oírme conjurar
con mayor fuerza.
Si tú, compañero, eres un fugitivo del infierno, contempla
este signo, ante el cual se humillan las negras falanges.
Ya se abulta con el pelo erizado. ¡Réprobo! ¿Puedes tú
leerlo el Increado, el Inefable, extendido por todos los cielos,
el Traspasado por mano impía? Fascinado detrás de la estufa,
se hincha como un elefante, llena todo el espacio, va a
disiparse en niebla. No subas hasta la bóve-da. ¡Échate a los
pies de tu amo! Ya ves tú que no amenazo en vano. Con una
llama sagrada te chamusco. No esperes la luz tres veces ar-
diente. No aguardes el más poderoso de mis artificios.
(Mientras cae la niebla, sale de detrás de la estufa
MEFISTÓFELES vestido con traje de estudiante vagabundo).



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