JOHAN WOLFGANG GOETHE


iglesia y en la tumba. El árbitro del hombre todopoderoso se
estrella aquí contra esa arena. ¿Cómo alejar eso de mi
pensamiento? Suena la campanita, y entro yo en furor.

MEFISTÓFELES
Naturalmente, un disgusto capital debe amargar tu vida.
¿Quién lo niega? A todo oído delicado ese retintín parece
odioso. Y ese maldito bim bom de campaneo, anublando el
sereno cielo del atardecer, se mezcla en cada acontecimiento,
desde el primer baño hasta la sepultura, cual si entre bim y
bom, la vida fuera un sueño que se desvanece.

FAUSTO
La resistencia, la. obstinación menoscaban el logro más
soberbio; de suerte que, para más profundo y más horrible
tormento, debe uno cansarse de ser justo.

MEFISTÓFELES
¿A qué, pues, desazonarte aquí? ¿No debes tú, desde hace
mucho tiempo, colonizar?

FAUSTO
Id, pues, y alejádmelos de mi lado. Sabes ya la hermosa
haciendi-ta que escogí para esos ancianos.

MEFISTÓFELES
Se los saca de allí y se dejan en el suelo. Antes que uno
vuelva la cabeza, están otra vez de pie. Después de la

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