JOHAN WOLFGANG GOETHE


escrito, algo me advierte ya que no me atenga a ello. El
Espíritu acude en mi auxilio. De improviso veo la solución, y
escribo confiado: "En el principio era la Acción".
Si he de compartir la estancia contigo, perro, cesa de
aullar, cesa de ladrar. No puedo sufrir a mi lado un
compañero tan importuno; es menester que uno de los dos
abandone la celda. Con pesar mío que-branto el derecho de
hospitalidad. Franca está la puerta; libre tienes la salida... Mas
¿qué veo? ¿Puede eso acontecer de un modo natural? ¿Es
ficción vana? ¿Es realidad? ¡Cómo se agranda en todos
sentidos mi perro de aguas! Empínase con violencia. Esa no
es la figura de un perro. ¡Qué fantasma he traído a mi casa!
Ya se parece a un hipopó-tamo, de ojos encendidos como
fuego y dientes formidables. ¡Oh, con seguridad eres mío!
Para semejante ralea medio infernal es buena la clave de Salo-
món.

ESPÍRITUS
(En la galería). ¡Ahí dentro hay uno preso! Quedaos fuera,
que ninguno le siga. Cual zorro en la trampa cogido,
temblando está un viejo lince del infierno. Pero estad ojo
avizor. Volad aquí y allí, arriba y abajo, y se pondrá en
libertad. Si podéis serle útiles, no le dejéis ahí encerrado, pues
harto ha hecho ya por complacernos a todos.

FAUSTO
En primer lugar, para ir al encuentro del animal, me valgo
de la fórmula de los Cuatro:

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