JOHAN WOLFGANG GOETHE




EN EL PEQUEÑO JARDÍN

FILEMÓN, BAUCIS y EL VIAJERO, sentados a la mesa

BAUCIS
(Al viajero). ¿Estás silencioso? ¿No llevas ningún bocado
a tus sedientos labios?

FILEMÓN
No; él quisiera enterarse de tal prodigio. Tú, que hablas
de buen talante, infórmale de ello.

BAUCIS
Si. Realmente fué un prodigio. Aun hoy día no me deja
en reposo, pues todo ello no se hizo de un modo natural.

FILEMÓN
¿Acaso pudo cometer un pecado el Emperador, que le
ofreció la ribera? ¿No lo pregonó un heraldo a son de
trompeta al pasar por aquí? No lejos de nuestras dunas se



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