JOHAN WOLFGANG GOETHE


Desde luego voy gozoso a confiar al pergamino, para el
bien del Imperio y el nuestro, este importantísimo estatuto.
La copia y la selladura deben ocupar la Cancillería; con la
sagrada firma, tú, Señor, lo confirmarás.

EL EMPERADOR
Y así podéis retiraros, a fin de que cada uno, recogido,
pueda considerar este gran día.
(Los Príncipes seglares se retiran.)

EL PRÍNCIPE ECLESIÁSTICO
(Se queda y habla con tono patético). Se fué el Canciller;
quédase el Prelado, impelido a hablarle a solas por un celoso
espíritu de admonición. Lleno de inquietud, su corazón
paternal tiembla por ti.

EL EMPERADOR
¿Qué temores son los tuyos en estos momentos de
júbilo? Habla.

EL ARZOBISPO
¡Con qué amargo dolor veo, a estas horas, tu sacratísima
persona en liga con Satán! En verdad, según parece, te hallas
asegurado en el trono, mas ¡ay! con escarnio de Dios nuestro
Señor y del Santo Padre el Papa. Si llega éste a tener noticia
de ello, al punto dispondrá en justo castigo tu inicuo
Imperio con el sagrado rayo del anatema. Porque no ha
echado aún en olvido de qué manera, en el momento

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