JOHAN WOLFGANG GOETHE




EL EMPERADOR
Guárdalo hasta horas mejores, que tal vez nos deparará la
suerte. Me da horror ese bellaco ruin y su intimidad con los
cuervos. (A Mefistófeles). No puedo confiarte el bastón de
mando; no me pareces el hombre a propósito. Con todo,
manda y procura salvarnos. Venga lo que viniere. (Retirase al
interior de la tienda con el General en jefe.)

MEFISTÓFELES
Protéjale ese trozo de palo. A nosotros poco puede
servimos. Había en él algo de la cruz.

FAUSTO
¿Qué hay que hacer?

MEFISTÓFELES
Ya está hecho... Ahora, negros primos, prontos en el
servicio, id al gran lago de la montaña. Saludad de mi parte a
las Ondinas, y pedidles la apariencia de sus raudales. Median-
te femeninos artificios, difíciles de conocer, saben ellas
separar la apariencia de la realidad, y todos jurarían que es la
realidad misma.
(Pausa.)

FAUSTO
Nuestros cuervos deben de haber engatusado por
completo a esas señoritas de las aguas. Allí ya empieza

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