JOHAN WOLFGANG GOETHE




PRELUDIO EN EL TEATRO

EL DIRECTOR, EL POETA DRAMÁTICO Y EL
GRACIOSO

EL DIRECTOR

Vosotros dos, que tantas veces me habéis favorecido en
afanes y apuros, decidme: ¿qué esperáis de nuestra empresa
en tierras alema-nas? Bien quisiera yo complacer a la
multitud, antes que todo, porque vive y hace vivir. Armados
están postes y tablas, y todo el mundo se promete una fiesta.
Los espectadores están ya ahí, tranquilamente sentados, con
la curiosidad pintada en el rostro y con muchas ganas de
embobarse. Yo sé la manera de atraer el espíritu del público,
y no obstante, jamás me he visto tan perplejo. Verdad es que
ellos no están habituados a obras primorosas, pero han leído
atrozmente. ¿Cómo haremos para que todo sea nuevo y
original, y sin carecer de interés, al par sea ameno? Porque, a
decir verdad, me gusta ver como el gentío, cual impetuoso
torrente, se atropella para llegar a nuestra barraca, y con

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