JOHAN WOLFGANG GOETHE


ron hasta lo más profundo de su ser. Su reconocimiento
quiere verte salvo, aunque hubiera él de morir en la empresa.

EL EMPERADOR
Gozaba el pueblo paseándome con gran pompa. Enton-
ces era yo algo; de ello quise hacer la prueba, y sin pensarlo
mucho, juzgué oportuno dar un poco de aire fresco a aquella
barba blanca. He aguado una fiesta al clero, y ya se ve, no me
he atraído con esto su favor. ¿Debería yo ahora, después de
tantos años, tocar el resultado de una buena acción ?

FAUSTO
Un franco servicio reporta con creces ricos frutos. Dirige
la mirada hacia lo alto. Paréceme que quiere enviarnos él un
signo. Presta atención; esto se dará a conocer en seguida.

EL EMPERADOR
Ciérnese un águila en las celestes alturas. Un grifo la
persigue con saña feroz.

FAUSTO
Presta atención. Esto me parece muy favorable. El grifo
es un animal fabuloso: ¿cómo puede olvidarse de sí mismo
hasta el punto de medirse con una verdadera águila?

EL EMPERADOR




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