FAUSTO


Emperador, a quien divertíamos, se encamina hacia aquí, tal
vez para la última batalla.

FAUSTO
Lástima me da. ¡Era tan bonachón e ingenuo!

MEFISTÓFELES
Ven, observemos. El que vive ha de esperar. Saquémosle
de este angosto valle. Salvado una vez, lo está por mil.
¿Quién sabe cómo pueden correr aún los dados? Y si tiene
buena suerte, tendrá también vasallos.
(Suben a la cima de la montaña intermediaria y observan la dis-
posición del ejército acampado en el valle. Desde abajo resuenan
tambores y una música marcial.)

MEFISTÓFELES
La posición, a lo que veo, está bien tomada. Intervenimos
nosotros, y entonces la victoria es completa.

FAUSTO
¿Qué puede esperarse de eso? ¡Embeleco, ilusión mágica,
apariencia vana!

MEFISTÓFELES
Ardid de guerra con el fin de ganar batallas. Afírmate en
grandes pensamientos mientras consideras tu objeto. Si le
conservamos al Em-perador su trono y sus Estados, no tiene



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