JOHAN WOLFGANG GOETHE


muerte y el asesinato; ante las mismas puertas de las ciudades,
cada caminante y cada mercader estaban perdidos. Y en
todos crecía no poco la audacia, pues vivir era defenderse...
En fin, la cosa marchaba.

FAUSTO
Ello marchaba y cojeaba, vino al suelo, levantóse otra vez;
luego cayó de espaldas y fué rodando pesadamente en
confuso montón.

MEFISTÓFELES
Y nadie tenia derecho a condenar tal estado de cosas.
Cada uno podía, cada uno quería valer, el más ínfimo gozaba
de la mayor consideración; mas, para los mejores, eso acabó
por ser insensato en extremo. Los más avisados se levantaron
con pujanza y dijeron: "Señor es quien nos depara el sosiego.
El Emperador no puede, no quiere ha-cerlo; elijamos un
nuevo Emperador, demos nueva vida al imperio, y mientras
él nos resguarda a todos, enlacemos en un mundo
regenerado, paz y justicia."

FAUSTO
Eso suena mucho a clerical.

MEFISTÓFELES
Clerizontes eran ellos también. Aseguraban su panza bien
nutrida, y estaban en el asunto más interesados que los
demás. Creció el motín; la revuelta fué santificada, y nuestro

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