JOHAN WOLFGANG GOETHE


muy crecida que sea la marea, al pasar la ola, se rinde ante
cada eminencia, y por mucho que se agite orgullosa, una
insignificante altura se yergue soberbia frente a ella, y una
pequeña profundidad la atrae con fuerza. Entonces concebí
presto en el espíritu plan sobre plan. Proporciónate, me dije,
el goce exquisito de rechazar de la orilla el mar impetuoso, de
reducir los límites de la húmeda extensión y hacerla re-
troceder a lo lejos mar adentro en sí misma. Paso a paso he
sabido apurar la cuestión. Tal es mi anhelo: aventúrate a
secundarlo.
(Redoble de tambores y música guerrera detrás de los espectadores, en
lontananza, viniendo del lado derecho.)

MEFISTÓFELES
¡Cuán fácil es eso...! ¿Oyes los tambores a lo lejos?

FAUSTO
¡Otra vez ya la guerra! El hombre de buen juicio no oye
eso con agrado.

MEFISTÓFELES
Guerra o paz, sensato es el afán de sacar partido de cada
circuns-tancia. Se acecha, se observa cada instante propicio.
He aquí la oca-sión; ahora, Fausto, no la dejes escapar.

FAUSTO
Excúsame tal fárrago de enigmas. Y en resumidas cuentas,
¿qué significa eso? Explícate.

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