FAUSTO


Hágase, pues, según tu voluntad. Confíame todos tus
caprichos.

FAUSTO
Mi vista sentíase atraída hacia alta mar. Esta se engrosaba
para elevarse sobre sí misma a grande altura; cedía luego y
desplegaba sus olas para invadir la extensión de la, aplanada
orilla. Y esto causóme despecho: así es como el orgullo, por
la agitación de una sangre apasionada, promueve un
sentimiento de disgusto en el libre espíritu que respeta todos
los derechos. Creí que esto era efecto del azar. Agucé la vista;
detúvose la ola y rodó luego hacia atrás, alejándose del límite
ufanamente alcanzado; y al llegar la hora, repite el juego.

MEFISTÓFELES
(A los espectadores). En eso no hay para mí nada nuevo que
aprender. Ya lo conozco desde hace cien mil años.

FAUSTO
(Continuando con pasión). Avanza deslizándose mansa la
onda, estéril como es, para difundir la esterilidad en partes
innúmeras. Ahora se hincha y crece y rueda cubriendo el
ingrato suelo de la playa desierta. Domina allí, animada por la
fuerza, ola sobre ola, y se retira sin haber efectuado cosa
alguna, lo cual es capaz de angustiarme hasta la
desesperación. ¡Fuerza de indómitos elementos que carece de
objeto! Entonces mi espíritu osa excederse a sí mismo; aquí
yo quisiera luchar; esto lo quisiera vencer. ¡Y es posible...! Por

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