FAUSTO


prepara al hombre mil diversos peligros. Del Norte, te
acometen el agudo diente de los espíritus y sus lenguas
afiladas como saetas; del Levante llegan, secán-dolo todo, los
que se nutren de tus pulmones; si el Mediodía manda del
desierto aquellos que amontonan ascua sobre ascua en
derredor de tu cabeza, el Poniente aporta el enjambre que al
principio recrea, para anegarte a ti y el campo y la dehesa.
Escuchan ellos gustosos, plácida-mente vueltos hacia el mal,
obedecen de buen grado, porque de buen grado nos
engañan; se fingen enviados del cielo, y susurran de un modo
angelical cuando mienten. Pero vámonos. La tierra ha
tomado ya un tinte gris, refresca el aire y cae la neblina. Al
atardecer es cuando más se aprecia el hogar... ¿Por qué así te
detienes y absorto miras hacia aquel sitio? ¿Qué puede
sobrecogerte de tal modo en esta hora crepuscular?

FAUSTO
¿Ves aquel perro negro que anda vagando por entre los
trigos y rastrojos?

WAGNER
Mucho rato ha que le veía, y no me ha parecido que tenga
importancia alguna.

FAUSTO
Obsérvalo bien. ¿Por quién tomas ese perro?

WAGNER

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