JOHAN WOLFGANG GOETHE


¿Y a mí qué me importa eso? Sea la Naturaleza como ella
sea. Esta es una cuestión de puntillo: el diablo estaba allí
presente. Somos gente para llegar a grandes cosas; tumulto,
violencia y frenesí: he aquí la señal. Pero, en fin, hablando
con toda franqueza, ¿nada te ha gustado en nuestra
superficie? Abarcaste con la mirada, en inconmensurables
extensiones, "los reinos del mundo y su esplendor.". Mas,
descontentadizo como eres, ¿no has sentido acaso algún
deseo?

FAUSTO
Si tal. Una gran cosa me ha atraído. Adivínala.

MEFISTÓFELES
Pronto está hecho. Yo escogería para mí una capital de
este modo: en el centro, el horror de las industrias con que se
ganan la vida los ciudadanos; callejuelas estrechas y tortuosas,
fachadas puntiagudas, un mercado reducido, coles, nabos,
cebollas, tablas de carnicero, donde pululan las moscas para
darse un banquete con carnes gordas. Allí, por de contado,
encuentras en todo tiempo hediondez y actividad. Luego,
plazas espaciosas, anchas calles, para darse uno cierto aire de
distinción. Por último, allí donde ninguna puerta sirva de
límite a la ciudad, arrabales prolongados hasta perderse de
vista. Allí me recrearía con el rodar de los carruajes, con el
ruidoso vaivén del tránsito, con el incesante correr de un
lado a otro, con el bullir de los hormigueros dispersos. Y
cuando pasara en carruaje o montara a caballo, siempre

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