FAUSTO


complacióse formando picos y barrancos, y dispuso peña tras
peña, monte tras monte; trazó luego cómodamente las
colinas en declive y suavizó la cuesta en el valle. Allí, todo
verdea y crece, y, para recrearse, no tiene ella necesidad alguna
de trastrueques insensatos.

MEFISTÓFELES
Así lo pensáis vos. Eso os parece claro como el sol, pero
de diversa manera lo sabe quien estaba presente. Allí estaba
yo cuando la masa ígnea del abismo, borbotante aún, se
hinchó despidiendo torrentes de llamas; cuando el martillo
de Moloch forjando roca sobre roca, arrojaba a gran distancia
restos de montes. Todavía está la tierra erizada de masas
extrañas de peso enorme. ¿Quién puede explicar semejante
fuerza de proyección? El filósofo no puede comprender tal
cosa. La roca está allí, y allí hay que dejarla. Hemos cavilado
ya hasta perder la cabeza. El pueblo sencillo es el único que
comprende sin dejarse extraviar en sus juicios. Desde hace
mucho tiempo, ha madurado en él la sabiduría. ¿Hay una
maravilla? A Satán se atribuye el honor. Mi peregrino,
cojeando y apoyado en la muleta de su fe, se encamina hacia
la Piedra del Diablo o al Puente del Diablo.

FAUSTO
No deja de ser curioso ver y estudiar cómo consideran los
diablos la Naturaleza.

MEFISTÓFELES

477

476