JOHAN WOLFGANG GOETHE


Nunca te faltan leyendas extravagantes. Empiezas otra vez
a venirme con tales cosas.

MEFISTÓFELES
(En tono serio). Cuando Dios el Señor y bien sé yo por qué,
nos arrojó de las regiones del aire precipitándonos a los más
profundos abismos, en el centro de los cuales un ardiente
fuego eterno se abría paso por todas partes con sus llamas,
nos encontramos, en medio de una claridad excesiva, en una
posición muy ahogada e incómoda. Los diablos empezaron
todos a la vez a toser y soplar por arriba y por abajo; el
infierno se llenó de hedor de azufre y de ácido. ¡Esto
produjo un gas...! Aquello llegó a ser monstruoso, en
términos que, al cabo de muy poco tiempo, la costra lisa de
los continentes, por muy gruesa que fuese, hubo de estallar
quebrándose con estrépito. Ahora tenemos la cosa por el
extremo opuesto: lo que antes era fondo, es ahora cima. En
eso se funda aún la justa doctrina de mudar lo más bajo en lo
más alto. Así es que, del abrasador subterráneo de esclavitud,
nos escapamos al exceso de dominio del aire libre. Misterio
manifiesto, bien guardado y que no llega sino muy tarde a ser
manifestado a los pueblos.

FAUSTO
Una masa de montañas permanece para mí noblemente
silenciosa. No pregunto de dónde procede ni cómo...
Cuando la Naturaleza se constituyó en sí misma, redondeó
entonces de una manera perfecta el globo terráqueo;

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