JOHAN WOLFGANG GOETHE




ACTO CUARTO

MONTES ELEVADOS. ENHIESTOS PICACHOS
DE ROCAS DENTELLADAS

Acércase una nube, se arrima a la montaña y desciende sobre Una
meseta que forma saliente. Ábrese la nube, y aparece FAUSTO.

FAUSTO
(Adelantándose). Al contemplar bajo mis pies la más pro-
funda de las soledades, huello con ánimo deliberado el borde
de estas cumbres, abandonando el soporte de mi nube, que
blandamente me ha conducido en días serenos por encima
de tierra y mar. Sin disiparse, poco a poco va
desprendiéndose de mí. Hacia el Oriente dirige su curso de
apelotonada masa, y lleno de admiración la sigue el ojo
atónito. En su camino, se divide undosa, cambiante; pero va
a modelarse... Sí, no me engaña mi vista... Soberbiamente
tendida sobre almohadones ilumi-nados por el sol, veo
gigantesca, es verdad, una imagen de mujer semejante a los
dioses. Parecida a Juno, a Leda, a Helena, ¡cuán majes-tuo-

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