JOHAN WOLFGANG GOETHE




WAGNER
También he tenido yo a menudo mis horas de quimeras,
pero no he sentido jamás todavía un impulso parecido.
Pronto se hastía uno de la vista del bosque y de los campos, y
nunca envidiaré las alas del ave. ¡Cuán otramente los goces
del espíritu nos llevan de libro en libro, de hoja en hoja!
¡Cuán gratas y deleitosas se vuelven así las noches de
invierno! Una vida feliz presta calor a todos los miembros, y
si desarrollas un valioso pergamino, ¡ah! entonces el cielo
entero desciende hasta ti.

FAUSTO
Tú no tienes idea sino de una sola aspiración. ¡Ah! ¡no
aprendas jamás a conocer la otra!. Dos almas residen ¡ay! en
mi pecho. Una de ellas pugna por separarse de la otra; la una,
mediante órganos tenaces, se aferra al mundo en un rudo
deleite amoroso; la otra se eleva violenta del polvo hacia las
regiones de sublimes antepasados. ¡Oh! Si hay en el aire
espíritus que se mueven reinando entre la tierra y el cielo,
descen-ded de las áureas nubes y conducidme lejos, a una
nueva y variada vida. Sí; a poseer yo tan sólo un manto
mágico que me transportara a extrañas regiones, no lo cedería
por las vestiduras ociosas, ni por un manto real.

WAGNER
No evoques la bien conocida turba que, cual torrente
impetuoso, se extiende por la atmósfera y por todos lados

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