JOHAN WOLFGANG GOETHE


hace valer sobre nosotras, espíritus, y nosotras sobre ella,
unos derechos de todo punto legítimos.

UNA PARTE DEL CORO
En el tremor susurrante y en el balanceo, murmurador de
estas mil ramas, estimulamos juguetonas y atraemos con
suavidad desde las raíces las fuentes de la vida hacia las
ramas; ora con hojas, ora con exuberancia de flores,
adornamos la cabellera que ondea libre en el aire para su
medro. Cae el sazonado fruto, y al instante se reúnen,
gozosos de vivir, gentes y rebaños para cogerlo y saborearlo,
llegando en tropel, estrujándose afanosos y, lo mismo que
ante los primeros dioses, todo se inclina en derredor nuestro.

OTRA PARTE DEL CORO
Al pulido espejo de estos muros de rocas que resplandece
a lo lejos, nos adherimos halagadoras moviéndonos en
suaves ondula-ciones. Escuchamos, estamos atentas a cada
rumor, al canto del ave, al aflautado sonido del cañaveral, y
así fuese la formidable voz de Pan, la respuesta no se hace
esperar. Si ello murmura, respondemos murmu-rando; si
truena, en seguida se dejan oír nuestros truenos en un
redoble que causa un estremecimiento tres veces, diez veces
mayor.

UNA TERCERA PARTE
Hermanas, nosotras, de carácter más movedizo, corremos
más allá en los arroyuelos, porque desde lejos nos atraen las

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