FAUSTO


tenía esa odiosa vieja tesaliana, así como del mareo del
retintín de sonidos muy confusos que turban el oído, y aun
peor que eso, el sentido interno. ¡Abajo, hacia el Hades! La
Reina se ha apresurado a bajar con paso majestuoso. Que a
las huellas de sus plantas se junte sin dilación el paso de sus
fieles servidoras. La encontraremos cabe el trono de la
Inescrutable.

EL CORO
Las reinas, a decir verdad, se hallan a gusto en todas
partes. Aun en el Hades, ocupan un sitio encumbrado,
ufanamente acompañadas de sus iguales y en cordial
intimidad con Perséfone. Pero nosotras, sumidas en el fondo
de bajas praderas de asfódelos, entre alineados álamos y
sauces estériles, ¿que solaz tenemos? Piar como murciélagos,
murmurio lúgubre, espectral.

LA CORIFEA
Quien no ha conquistado para sí un nombre ni aspira a lo
sublime, pertenece a los elementos. Así, pues, partid. Ardo en
deseos de estar con mi Reina. No sólo el mérito, la fidelidad
también, conserva nuestro ser personal (Vase.)

TODAS
Restituidas estamos a la luz del día. No tenemos
personalidad, es cierto; lo sentimos, lo sabemos, pero al
Hades no volveremos jamás. La Naturaleza, siempre viviente,



469

468