JOHAN WOLFGANG GOETHE


(Helena abraza a Fausto. La forma corporal desaparece; vestidura
y velo quedan en los brazos de Fausto.)

FÓRCIDA
(A Fausto). Ten firme lo que de todo eso te ha quedado.
No sueltes el vestido. Ahí los demonios tiran ya de los cabos,
y bien quisieran llevárselo al mundo inferior. Ten firme. No
es ya la diosa, a quien perdiste, pero es una cosa divina.
Aprovéchate del alto, del inapreciable favor, y remóntate a las
alturas. Esto te llevará con rapidez hacia el éter, por cima de
todo lo vulgar, todo el tiempo que tú vivas. Volveremos a
vernos, lejos, muy lejos de aquí.
(Los vestidos de Helena se resuelven en nubes, que rodean a Fausto,
le elevan en el aire y se lo llevan).

FÓRCIDA
(Recoge del suelo la túnica, el manto y la lira de EUFORIÓN, se
adelanta hacia el proscenio y, levantando en el aire estos despojos, dice):
Siempre es eso un feliz hallazgo. Ha desaparecido la llama, es
cierto; mas no lo siento por el mundo. Queda aquí lo
bastante para consagrar poetas, para suscitar la emulación de
corporaciones y oficios, y si no puedo conferir talentos, a lo
menos presto el ropaje. (Siéntase en el proscenio al pie de una
columna.)

PANTALIS
(La Corifea). ¡Aprisa ahora, jóvenes! Libres al fin nos
vemos del hechizo, de la vil opresión de ánimo en que nos

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