JOHAN WOLFGANG GOETHE


HELENA y FAUSTO
¡Qué temeridad! ¡Qué delirio! Ninguna moderación hay
que esperar. Parece oirse el sonido de cuernos de caza, que
resuena por el valle y los bosques. ¡Qué alboroto! ¡Qué
vocerío!
(LAS CORISTAS entran precipitadamente una a una.)

EL CORO
Ante nosotras ha pasado corriendo y escarneciéndonos
con desdén. Ahora arrastra hacia aquí las más esquiva de toda
la turba.

EUFORIÓN
(Conduciendo una joven). Arrastro aquí esta chica zahareña
para un deleite forzado. Para mis delicias, para mi placer, yo
ciño ese pecho reacio, beso una boca desdeñosa, hago
patentes mi fuerza y voluntad.

LA JOVEN
¡Suéltame! Debajo de mi exterior hay bravura y fuerza de
espí-ritu. Parecida a la tuya, nuestra voluntad no se deja
fácilmente arras-trar. ¿Me crees, sin duda, en aprieto? Harto
fías en tu brazo. Tenme sujeta, y yo te abraso, insensato, por
divertirme. (Ella se en-ciende y, remontándose en el aire, despide
llamas). Sígueme en los aires leves, sígueme en las heladas
grutas, atrapa el objeto desaparecido.

EUFORIÓN

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