JOHAN WOLFGANG GOETHE


igualmente a Cipris el cinturón de su seno mientras ella le
está acariciando.
(Oyese procedente de la gruta una música de instrumentos de cuerda
de sonidos embelesadores, puramente melancólicos. Todas las Coristas
escuchan con atención y en breve parecen profundamente emocionadas.
Desde aquí hasta la pausa indicada más adelante, acompañamiento de
música de orquesta completa.)

FÓRCIDA
Escuchad esos arrobadores sonidos. Libraos presto de las
fábulas; dejad ese viejo revoltillo de vuestros dioses; se acabó
ya. Nadie quiere ya comprenderos. Pedimos un tributo aun
más elevado; porque es preciso que del corazón salga lo que
ha de obrar sobre los corazones. (Retirase hacia la roca.)

EL CORO
Si tú, espantosa criatura, eres afecta a esos halagadores so-
nidos, nosotras nos sentimos como recién recobradas y
enternecidas hasta verter lágrimas de gozo. Desaparezca en
buen hora el esplendor del sol, cuando raya el día en el alma,
encontramos en nuestro propio corazón lo que nos niega el
mundo entero.
HELENA, FAUSTO y EUFORIÓN, este último con el traje
descrito más arriba.

EUFORIÓN




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