FAUSTO




EL CORO
¡Cómo! ¿Ahí dentro?

FÓRCIDA
Retirados del mundo, no han llamado más que a mí sola
para ser-virles en silencio. Altamente honrada estaba yo cerca
de ellos; con todo, según conviene a los confidentes,
observaba en derredor alguna otra cosa. Iba de aquí para allí
buscando raíces, musgo, cortezas, cual conocedora que soy
de todas sus virtudes, y así quedaron solos.

EL CORO
Pero tú hablas como si ahí dentro hubiese mundos
enteros, prados y bosques, arroyos y lagos. ¡Qué patrañas
estás forjando!

FÓRCIDA
No os quepa duda alguna, jóvenes inexpertas. Hay allí
profundi-dades no exploradas; salas y más salas, patios y más
patios, que yo iba recorriendo pensativa, cuando de golpe
resuena una risotada en los recintos de las grutas. Miro, y veo
allí saltar un chiquillo del regazo de la mujer hacia el hombre,
y del padre hacia la madre. Las caricias, las jocosidades, los
arrumacos de un amor insensato, los gritos de alborozo y las
exclamaciones de júbilo me aturden con alternación.
Desnudo, un genio sin alas, especie de fauno sin bestialidad,
salta sobre el suelo firme; pero el suelo, reaccionando, le

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