JOHAN WOLFGANG GOETHE


(La escena cambia por completo. Tupidas enramadas se elevan
junto a una serie de grutas abiertas en los peñascos. Un bosque umbrío
se extiende subiendo hasta las escapadas rocas dispuestas en círculo. No
se ve a Fausto ni a Helena. EL CORO, diseminado acá y acullá, yace
dormido.)

FÓRCIDA
Cuanto tiempo ha que duermen esas jóvenes, no lo sé; si
han visto en sueños lo que claro y distinto he visto yo ante
mis ojos, lo ignoro también. Por esa razón, las despierto. Hay
para admirarse la gente joven, lo mismo que vosotros,
barbones que, sentados ahí abajo, estáis esperando ver, por
fin, el desenredo de unos prodigios dignos de fe. ¡Ea, arriba,
arriba! y sacudid pronto vuestros rizos. Quitaos el sueño de
los ojos. No pestañeéis así, y escuchadme.

EL CORO
Habla, por favor; cuenta, cuenta lo que ha acontecido de
extraño. Con el mayor gusto oiríamos hasta lo que no
podemos creer en modo alguno, porque estamos aburridas
de contemplar esos peñascos.

FÓRCIDA
Apenas os habéis restregado los ojos, niñas, ¿y ya os
fastidiáis? Sabed, pues, que en estas cavernas, en estas grutas,
bajo, estas enra-madas, han encontrado protección y
alberque, cual amorosa pareja de idilio, nuestro soberano y
nuestra soberana.

454

453