FAUSTO


huestes de los Francos; sea la Mesenia el lote de los Sajones;
limpie el Normando los mares y engrandezca la Argólida.
Entonces cada cual habitará en su casa, dirigirá hacia fuera su
pujanza y sus rayos; pero Esparta, antigua residencia de la
Reina, debe estar entronizada sobre vosotros. A todos y a
cada uno os ve ella disfrutar del país en donde no falta bien
alguno; confiados buscáis a sus pies garantía y derecho y luz.
(Fausto desciende, los Príncipes forman un círculo alrededor de él
para escuchar más de cerca sus órdenes e instrucciones.)

EL CORO
Aquel que para sí pretenda la más bella mujer, hábil ante
todo, con prudente acuerdo trate de procurarse armas; con
halagos ha obtenido lo más sublime que hay en la tierra; mas
no lo posee tran-quilo; no faltan pícaros que se la quitan
diestramente con lisonjas, ni raptores que se la arrebatan con
osadía. Que esté ojo avisor para impe-dirlo. Por esto aplaudo
a nuestro Príncipe y le tengo en más alta estima que a los
demás, pues, bizarro y prudente, háse aliado de tal modo que
los poderosos se mantienen sumisos, atentos a la menor
indicación. Ejecutan fielmente sus órdenes, cada uno por su
propio interés y también por remuneradora gratitud al
soberano, para conseguir la mayor gloría de los dos. ¿Quién,
pues, arrebatará ahora Helena al po-deroso posesor? Ella le
pertenece; séale concedida sin envidia, doble-mente
concedida por nosotras, a quienes él ha cercado, junto con
ella a la vez, con la más sólida muralla por dentro, y el más
formidable ejército por fuera.

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