FAUSTO




TODOS
¡Salud al hombre acrisolado, para que nos pueda
favorecer aún largo tiempo!
FAUSTO
Prosternaos ante Aquél de las alturas, que enseña a
socorrer y envía el socorro. (Aléjase acompañado de Wagner.)

WAGNER
¡Qué impresión debes sentir, oh grande hombre, ante el
respeto de esa multitud! ¡Ah! ¡dichoso quién puede sacar tal
fruto de sus dotes! El padre te muestra a su hijo; todo el
mundo inquiere, se estruja y acude presuroso; enmudece el
violín; párase el bailador. Echas a andar, y se colocan ellos en
fila, vuelan los gorros por el aire, y poco falta para que se
doblen las rodillas cual si pasara el Santísimo Sacramento.

FAUSTO
Subamos unos pasos más arriba hacia aquella roca, y
descanse-mos allí de nuestro paseo. ¡Cuántas veces solo,
pensativo y mortificado por la oración y el ayuno, vine a
sentarme en este mismo sitio! Rico de esperanzas, firme en la
fe, imaginaba yo arrancar del Señor de los cielos, a fuerza de
lágrimas, suspiros retorcimientos de manos, el tér-mino de
aquel contagio. Las aclamaciones de la multitud resuenan
aho-ra en mis oídos como un sarcasmo cruel. ¡Oh! Si
pudieras leer en mi interior, verías cuán poco digno de tales
honores fueron el padre y el hijo. Era mi padre un oscuro

45

44