JOHAN WOLFGANG GOETHE


órdenes de quién, pues, aparece tan presto alineada y
dispuesta esa soberbia multitud de adolescentes? ¿Qué
admiro más? ¿Es su marcha airosa, o tal vez la ensortijada
cabellera que circunda su tersa frente, o son quizá sus finas
mejillas, sonrosadas como melocotones y asimismo cubiertas
de un vello suave cual terciopelo? De buena gana mordería
en ellas, pero me estremezco al pensarlo, pues en un caso tal
la boca, horrible es decirlo, se llena de ceniza. Los más
agraciados avanzan hacia aquí. ¿Qué traen, pues? Gradas
para el trono, alfombra y sitial, cortinaje y arreos para el
pabellón. El adorno sobresale por arriba formando coronas
de nubes para la cabeza de nuestra Reina; pues, obediente a
la invitación, ha subido ya a ocupar el soberbio cojín.
Acercaos, grada por grada, ordenaos con seriedad. Digna,
¡oh! digna, tres veces digna, ¡bendita sea una recepción tal!
(Todo cuanto acaba de decir el Coro, se va ejecutando
sucesivamente).
Después de bajar en larga hilera los donceles y escuderos, aparece en
lo alto de la escalinata FAUSTO en traje de corte, como el de los
caballeros de la Edad media, y desciende lentamente con dignidad.

LA CORIFEA
(Observándole con atención). Si los dioses, como lo hacen a
menudo, no le han prestado de un modo pasajero, por breve
tiempo tan sólo, esa admirable figura, ese aire noble, esa
presencia atractiva, será afortunado en todo cuanto
emprenda, ya en las luchas con los hombres, ya en las
pequeñas lides con las más bellas mujeres. En verdad, es muy

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