JOHAN WOLFGANG GOETHE




FÓRCIDA
Y por causa de él, otro tanto hará contigo. La belleza es
indivi-sible. Quien la poseyó por entero prefiere antes
aniquilarla, maldi-ciendo toda posesión parcial.
(Lejano toque de trompetas. El Coro se estremece de horror.)

FÓRCIDA
Como el agudo y estridente son de la trompeta hace presa
desga-rrando oído y entrañas, así los celos se aferran al pecho
del hombre, que jamás olvida lo que un día poseyó, y
perdido ahora, lo ha dejado de poseer.

EL CORO
¿No oyes el son de los clarines? ¿No ves el centelleo de
las armas?

FÓRCIDA
Sé bien venido, señor y Rey. Pronta estoy a dar cuenta de
todo.

EL CORO
¿Y nosotras?

FÓRCIDA
Claro lo sabéis ya. Delante de los ojos veis la muerte de la
Reina; y vosotras presentís la vuestra allí dentro. No; no hay
remedio para vosotras.

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